
El propósito de este artículo es sensibilizar a los educadores sobre la importancia de la educación explícita de las emociones y de los beneficios personales y sociales que conlleva.
Hasta hace relativamente poco tiempo, a penas se hacía mención de los sentimientos y las emociones en la forma de cómo debían educar los profesores. La tendencia arraigada era la de manejar y, hasta cierto punto controlar, el comportamiento de los alumnos sin atender a las emociones subyacentes a tales conductas.
A partir del desarrollo de la teoría de la “Inteligencia Emocional” por Daniel Golemann, sabemos que debemos crear en nuestros adolescentes una forma inteligente de sentir, sin olvidar cultivar los sentimientos de padres y educadores y, tras ello, el comportamiento y las relaciones familiares y escolares irán tornándose más equilibradas.
La enseñanza de emociones inteligentes depende de la práctica, el entrenamiento y su perfeccionamiento y, no tanto, de la instrucción verbal. Ante una reacción emocional desadaptativa de poco sirve el sermón o la amenaza verbal. Técnicas como el modelado y el role-playing emocional se convierten en herramientas básicas de aprendizaje a través de las cuales los educadores, materializan su influencia educativa, marcan las relaciones socioafectivas y encauzan el desarrollo emocional de sus alumnos.
La escuela del S. XXI tiene la responsabilidad de educar las emociones de sus alumnos. La capacidad del profesor para captar, comprender y regular las emociones de sus alumnos es el mejor índice del equilibrio emocional de su clase.
Recojo el último párrafo del artículo: “En este momento de fuerte debate sobre los cambios educativos, sería una buena ocasión para reflexionar sobre la inclusión de las habilidades emocionales de forma explícita en el sistema escolar.Porque el profesor de este siglo tendrá que ser capaz de enseñar la aritmética del corazón y la gramática de las relaciones sociales. Si la escuela y la administración asumen este reto, dotando de la formación pertinente a los educadores, hará que la convivencia en este milenio sea más fácil para todos y que nuestro corazón no sufra más de lo necesario”.
(Resumen del artículo escrito por Fernández-Berrocal, Pablo; Extremera, Natalio:La inteligencia emocional como una habilidad… en Revista Americana de Educación (http://www.rieoei.org)Hasta hace relativamente poco tiempo, a penas se hacía mención de los sentimientos y las emociones en la forma de cómo debían educar los profesores. La tendencia arraigada era la de manejar y, hasta cierto punto controlar, el comportamiento de los alumnos sin atender a las emociones subyacentes a tales conductas.
A partir del desarrollo de la teoría de la “Inteligencia Emocional” por Daniel Golemann, sabemos que debemos crear en nuestros adolescentes una forma inteligente de sentir, sin olvidar cultivar los sentimientos de padres y educadores y, tras ello, el comportamiento y las relaciones familiares y escolares irán tornándose más equilibradas.
La enseñanza de emociones inteligentes depende de la práctica, el entrenamiento y su perfeccionamiento y, no tanto, de la instrucción verbal. Ante una reacción emocional desadaptativa de poco sirve el sermón o la amenaza verbal. Técnicas como el modelado y el role-playing emocional se convierten en herramientas básicas de aprendizaje a través de las cuales los educadores, materializan su influencia educativa, marcan las relaciones socioafectivas y encauzan el desarrollo emocional de sus alumnos.
La escuela del S. XXI tiene la responsabilidad de educar las emociones de sus alumnos. La capacidad del profesor para captar, comprender y regular las emociones de sus alumnos es el mejor índice del equilibrio emocional de su clase.
Recojo el último párrafo del artículo: “En este momento de fuerte debate sobre los cambios educativos, sería una buena ocasión para reflexionar sobre la inclusión de las habilidades emocionales de forma explícita en el sistema escolar.Porque el profesor de este siglo tendrá que ser capaz de enseñar la aritmética del corazón y la gramática de las relaciones sociales. Si la escuela y la administración asumen este reto, dotando de la formación pertinente a los educadores, hará que la convivencia en este milenio sea más fácil para todos y que nuestro corazón no sufra más de lo necesario”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario